¡El comején!
¡Qué extraño!
Lo extraño.
El comején
leyó con cuidado
mis libros
empolvados de recuerdos.
Uno tras uno...
con esmero,
para no ser visto
o escuchado. En el día
como un trabajador de aserradero.
atento,
pausado.
Tan seguro,
tan confiado...
En las noches...
noctámbulo sediento
de palabras y de alientos.
Lento,
tan pausado.
Tan callado.
Tan seguro.
Tan osado.
¡Y yo...
buscando!
Buscando
en las ventanas del cielo,
en el aire de mis dudas,
en las sombras de mis miedos,
en el estertor de una vida...!
¡raciones de melancolía!
Racsonando Ando.
Racsonando Ando.
Oscar Arley Noreña Ríos.