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Adiós a mí  can.

 

Me siento desolado
al tomar esta decisión.
Una acción más
de los complejos
qué hay, en esta
maldita y repugnante,
absorbedora sociedad.

Me duele en el fondo,
en lo más profundo,
dónde guardo
mis sentimientos
más puros y bellos.

Él era un amigo,
un confidente,
con su lenguaje
algo distinto,
consolaba
cada día triste,
sobre todo
los más difíciles.

Mi gran amigo,
la prueba
perfecta de qué
los animales,
son más qué
otra especie.
Ellos, tan diferentes,
según tanta gente.
Te cuidan te protegen,
igual o mejor,
qué los de tu especie.
Te aman
sin complejos,
sin diferencias,
sin tantas malditas
y estúpidas reglas.

Trato de ser fuerte,
conservar mi ánimo,
querer ser prudente,
y hablarlo despacio
con mis semejantes,
pero no me comprenden
sólo deciden sin escuchar,
sin dejar defender
a mi gran amigo fiel.

Hoy fue el día,
la triste despedida,
el adiós a mi amigo
qué hoy se ha ido.

Me desgarra la garganta
por guardar los gritos,
mis ojos se hinchan
ante las lagrimas,
qué ruedan,
qué arden por mi cara.
Me pesa el cuerpo,
no quiero saber nada
de mi desprestigiado,
y encadenado pueblo.

Adiós pequeño amigo,
te recordare en las noches
cuándo le aullabas a la luna,
en los días de lluvia qué tanto temías,
en los días dónde llegaba derrotado
y tú con un salto me contagiabas,
tu alegría qué nunca se detenía.

Triste fue ver tu instinto de animal,
ojalá lo hubieras podido guardar,
pero pues tú puedes oler el mal,
por algo no te pudiste parar.

Te extrañare amigo,
siempre vivirás conmigo,  
y tu alma canina,
guiara la mía,
en el valle de la muerte,
cuando llegue mi suerte.