Reyshell Mendez

La desnudez de la rosa

El alma se me apoya en el recuerdo como ante un ventanal abierto al mundo, y sólo pasas tú, sin alejarte, como quien llega y no se va.

El crepúsculo me entrega esa fragancia que las rosas emiten al dormirse, desprendiéndose uno por uno, de los húmedos pétalos abiertos, y desnuda quedó. Viola el lirio y abrió su blanca copa, ofreciendo el estambre endurecido, y la rosa aceptó.

Siendo el feroz impulso de arrancarle el vestido y lanzar sus instinto sobre su cuerpo entero, Pero a decidido llevarle, susurros,  tomados de la mano por el viejo sendero, entre  palabras de amor que no se evaporan, se adhieren a sus pétalos como a los muros con firmeza; si son tristes, constantemente lloran, si son alegres, sonríen con viveza, más siempre aguardan, y jamás ignoran, al sentir de otras almas la belleza, entonces, habrán de descender desde sus nidos, y entrar al corazón por sus oídos.