Heliconidas

Un poema y la lluvia

El primer poema nació de la lluvia.
Cuando Adán, ya excluido y desterrado,
vio llover sobre la tierra desierta,
finalmente entendió que moriría.

Dulce áura de la tierra productiva
en donde los dioses te disputaron:
Ameonna, Baal, Indra, Thor, Neptuno...
De tu río de cristal surgió la épica.

Aún no sé por qué, pero cuando escucho
tu salmodio elemental crepitando
en mi ventana, todo se reviste
de una lejana densidad inmutable.

Todo es inmóvil, constante y sereno.
Allí donde la paz y la tristeza
se entrelazan en una metáfora
de luces y sombras melancólicas.

El primer beso fue bajo la lluvia,
como si ese momento hubiese sido
un vago destello de sombra y sueño.
Un momento ansiosamente buscado.

Será por eso que la lluvia suple
a la lágrima como alegoría
de la tristeza, de ese beso primo
que fue el umbral de todas las lágrimas.