JOHNWWWW

LA MAQUINA

 

Calculaba  enérgicamente

 divinamente crujía y resoplaba,

si algo aturdía su funcionamiento

moriría también las branquias de la  vida,

ella era el caudal abizcochado del aire,

 el fluir y el cemento de la sangre,

la conducta ahuevada del pensamiento

y los pecados eréctiles de la humanidad,

el amor se le aferraba como un parásito,

el bien casposo se empuñaba  a sus crines,

el mal canilludo se aprisionaba a sus arrecifes,

los cielos se ennegrecían ante su ausencia,

las playas indigentes clamaban por sus venenos,

 los arboles pardos querían ser decapitados

por ese fascista y omnívoro artefacto

por ese  destructor y pervertido eminente;

 todo dependía  de la suerte de un botón,

 el monto pollerudo de las herencias,

el relumbre porcino de los apellidos,

 las tramoyas minerales de la ciencia,

los acompases laxantes de la música,

el carrusel imberbe  de la  alegría,

las erosiones gramaticales  de la tristeza,

las banderas florales de los abejorros,

los escorpiones glaciares  del aguardiente,  

los escotes fétidos de la industria,

los esqueletos esteparios  del placer,

los romances estrictos de los sacerdotes,

el acueducto enclenque de los adulterios,

la precisión dental de los  relojes,

 los armonías bronceadas de las canteras,

los puertos y su avidez de brazos

las haciendas y su sed de  látigos y  capataces,

los  trenes  desesperados por  suministros,

las  ametralladoras  ansiosas por  matar;

los tiranos querían  aumentar otro país 

a sus búnkeres tapizados de mapas,

nada, nada, nada   podía fallar

el destino y la conquista del universo

corrían peligro y peligro,

de  la máquina dependían las guerras;

la  maquina era  su amado  cáncer,

la maquina era su Dios.

JOHN WIILMER