Lidia

EL DULCE NECTAR DE LA RECONCILIACIÓN

Me fui caminando

hasta encontrar una playa desierta

tratando de olvidar un mal momento que pasé

y no quería acordarme, de su voz ni de su nombre

solo quería oír las olas del mar en su cantar.

Porque creí, que así podía olvidar mis penas

pero en la brisa que soplaba del mar

pude percibir, me llegaba el aroma de su cuerpo

y al creer que estaba sola, abrí los ojos y 

bajo el resplandor del sol, vi su mirada contemplarme.

Yo, seguía sobre la arena tendida

porque creí que era espejismo verlo allí

y sentí estar en un éxtasis sublime

porque no podía creer que estaba junto a mí.

Se acostó sobre la arena conmigo

y en la quietud de la soledad, comenzó acariciarme,

y sin ambages, nos amamos hasta quedar exhaustos

 comprendiendo, que teníamos que seguir amándonos.

Sentíamos, que las espumas de las olas

eran azahares que cubrían nuestros cuerpos

y allí estuvimos hasta el atardecer.

Junto a las gaviotas que volaban

emprendimos vuelo hasta donde nos llevara el viento

sin imponernos condición ni tiempo

¡porque es tan bello saborear!

el dulce néctar de la reconciliación.