Santiago Miranda

rockanroll

 (a R. Meinz)

 

 

Esta sangre que circula adentro

negra, espesa, pegada a las callejuelas

como sedimentos en la palabra descenso

(ambos descendemos) en tropel

 desde el vómito o el bostezo

ahí cuando todo comenzó desde el tribal

fuego, nos reconocimos idénticos en el latido

del cuero sobre los tambores, y las pieles

que viste la noche. fuimos fugazmente desangrados

paridos por las venas de algún dios furibundo

en su mortal sangría, que no ayudó de mucho

para postergar su muerte. ahora el rayo

circula los nervios, ahora la cuerda de acero

entrega el sonido primigenio a las ciudades

sordas, de tanta técnica-conocimiento, saturados

nosotros siendo ignorantes ya supimos todo

después del primer acorde cortado

fluctuando en el relativo, espacio

respiramos-nos-aliviamos

este siglo es furia

ya que los motivos

sobre-bastan-cubren-horizontes

nuestra baba como de rabiosos

perros, por que así ha sido

nuestra suerte

la tenemos

aún

salvajemente resistimos

en el bastión previamente capitulado

levantando nuestras cerveza a la altura

honrando a los asesinados, de la historia

por la historia, a través de ella y sus campos

de misterios descentrados, donde un eco urbano

perdura intermitente, estallando, en el cráneo