Samuel Santana

Voces del arrabal

El aire del pan está hoy desamparado,

 salpicado por la mugre de pobre,

 como un triste obrero cansado.

Las lágrimas del niño  hablan

 de angustia. Lo miro, hasta

 que  se  me agota

 el alma de dolor.

 

¿Qué manos siniestras alejan el

mendrugo  de los cuarteados labios?

Y pensar en tantas guerras

  por simples baratijas.

“Con agua endulzada duerme

Pedrito esta noche.

Quizás mañana sea distinto”.

Yo, mísero poeta,

me fundo en los cuerpos lánguidos.

“Deja a mamá que duerma,

que nuestro silencio  calme su angustia.

Nuestro dolor podría arrancarla a destiempo”.

 

Los puertos están llenos de caudales.

“Que hermoso, por nuestro techo vemos

el color de la lluvia y las tiras

 del viento invernal cuando pasan.

Arrinconemos nuestras mudas,

 Pedrito,  por donde se escondìan las arañas”.

 

“Hace mucho que las huellas del pan

se borraron de la puerta de ésta casa.

Estamos solo, muy solos:

las hormigas se mudaron.

El silencio de la oscuridad me

 trae  olores de pomos.

No sé de dónde saca mi  

vieja pecho para tanta tos”.

 

Su rostro es el fracaso de la Patria.

Si el viajero tropieza con perros

mojados, ecos vacíos y

sombras de dolor, entonces

 sabrá que llegó a esta tierra,

 a la frontera donde ya no existe

 hálito de esperanza.