Raúl Daniel

La Rueda

La Rueda

 

Como en una rueda en que viviera,

otra vez, mi alma navega en el alma de una mujer,

y mi ilusión se enreda entre sus sueños...

 

Otra vez me entrego... (¡nunca aprendo...!)

¿ayer, quién fue?... ¡creo que no lo recuerdo!,

bueno... debería hacerlo... debería recordar más...

(lo que recuerdo)... el dolor que tengo,

para no volver a intentar; pero, ¿ qué

puedo hacer cuando la esperanza viene a mí otra vez?

A veces quisiera ser como un antiguo dios griego...

¡para poder realizar la satisfacción de mis sentimientos!

 

¿Para qué habrá puesto Dios dentro nuestro,

la capacidad de amar, de sentir, de querer, de soñar, de creer?

si el tiempo pasa y al final ¡siempre igual...!

en realidad lo único que sucede es eso: el tiempo pasa,

¡inexorablemente!... mientras sigue su curso el Universo.

 

¿Dolor?... cosa pequeña... ¡soy más que experto!

Sin embargo, sigue mi alma impertérrita:

buscando y buscando al amor...

Alma mía: ¿para qué lo quieres,

si siempre te castiga ¡con el salario peor!?

 

Otra vez cierro los ojos...

Y veo los ojos hermosos de una joven mujer...

deseable, ¡aparentemente inocente!...

(siempre es así... siempre parecen...)

 

Aún no he aprendido a aquietar mi corazón...

¡o callarlo... amordazarlo... o echarlo de mí!

¿deberé quitarme la vida, para dejar de sufrir...?

 

Otra vez una piel suave y rosada...

¡ahora, una cabellera lacia y dorada

que flota a la más leve brisa... casi sin peso...

luminosa, reflejando del sol, las caricias...!

 

Otra vez sentir en mi piel el beso...

el beso que se da, ¡no que se compra...!

el beso que viene de una boca

que está en un cuerpo que vibra

¡haciendo estremecer mis más íntimas fibras!

 

Pero... ¿y el miedo?... ¿y lo que ya sé...?

Sí, ya sé que cuando sepa que mi “poder adquisitivo”,

“mi salario real”, ¡el “cash” que percibo!,

no le va a poder dar lo que definitivamente todas quieren:

Poseer muchas cosas... comprar, comprar y ¡comprar...!

o, ¿tendrá, ésta, fe...?

como no tuvieron ninguna de las otras...

 

A ésta, ¿también la manda el enemigo,

o la mandas tú, Señor...

y es realmente el verdadero amor...?

 

Acuérdate de mí, Jesús, y en mi fortuna

no me dejes para siempre colgado en esta cruz...

(¡qué va... olvidaba que Tú nos invitaste a cargar una!)

 

“Espera un poco más (le diré a mi corazón),

apostaré otra vez a la esperanza,

jugaré una última carta de confianza

y de ilusión... ”

 

Con la fe en ti, Jesús, ¡por supuesto!

pues, con la última ¿sabes?, de la mía,

gasté ¡hasta el último resto...!