el poeta del abismo

Fontana

A nadie pertenece vuestro llamado envejecido
pero aquí es así; viejas espinas también caían
mientras la tierna mano te tendía el mundo,
el sueño más cercano y en el no caíste.
¿Qué héroe apenado acreció tu vientre
¿y qué paso es ese, muchacha,
tu paso mucho más pesado qué antes
si antes era más liviano mi recuerdo?
tu vientre emerge, los hijos emergen, todo emerge.


Siendo madre pareces un amor reservado,
se asoma tu latido y besas a la tarde,
dejas que todo siga callado y la luz más se calla.
¿Y aquéllos luceros hacía dónde alumbran,
por qué te ignoran, por qué se caen, a qué te asomas?
Lo sabe la mañana en la que se enfrian los comales
también lo sabe aquél que va por agua
llevando una sed que tú también tienes y nadie sabe.
Aqui es así, el hijo tierno te llama y no te nombra,
el héroe te mira y no te llama,
oculto fue a nombrarte y no lo oiste.
¡Ya el hijo tuyo se unió a vuestras manos
en su sangre va la altura del consuelo,
a eso acude, a darte calma,
¡Ah, la calma no te acude!


Esta agua donde se limpio tu mano
dejó mausoleos de espera, obras de esperanzas.
Todo pertenece al descanso de tu noche,
las magnolias, las quejas que estan llamando,
los dilatados labios con el sabor que perdiste.
¡A ti beber agua ya te hería!


¿A qué fontana acudió el agua de tu vientre?
te diré de nuevo, aquí es así.
Tu desvelo amanece en ti nuevamente
pero nadie te nombra
y el hijo te llama desde cuando
pero no puede nombrarte todavía.
¿Qué decía, llamaba a caso los lagos
blancos que erigieron al mundo?
se oye que ahora nombras mi llamado
y que quieres morir y volver como las siembras.


Tal vez cantando tú pertenezcas a una hora
o a alguien que escuche lo más débil
pero estás como haciendo dormir a alguien;
tu hijo hace caso, ¡qué obediencia es esa!
y se duerme sobre la estola que no bordaste.


Erige, desvanece el agua que te causó la culpa
pues vendrán enigmas del barro, de las tejas,
Y allí el agua no acude y el sol se seca
allende de huir o volver a tus ajenos encantos.
¡Qué sabor era entonces la tierra humeda!
las mañanas parecen colgarse desde tu esperanza
¡escapando, a dónde!
y desde la más devota altura renace la campana
llama a todos pero a ti no te llama.
Las lianas que son tuyas no se extienden
todo se hace más cercano y lloras.


Has caído como un canto dorado sin hambre
recibiendo flores alpinas que nunca se dieron
están hechas pero nadie las hizo.
¿Por qué yo tampoco te llamo?
aquí es así, te ocultas en un amanecer desembocado
y por la tarde estás pendiente que no caigan más tus días
pero ¿y esa bravura debil?
¡oh nadie anhela tan beso débil!


¡Oyes aquél llamado, de esas manos,
de esa carne, desde tu hijo!
todo llega ausente y de pronto dices mi nombre
como en un año sin instante pero tú eres más grande,
más extraña que la luna y la luna brilla pero no te llama.
Entonces escuchas que el mar se ahoga
¿escuchas aquél llamado, escuchas también el mundo?
y el mar más llamaba con su voz concava,
con sus olas más cansadas,
tú lo oíste pero a ti no te llamaba.