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Samuel Santana

Celos

Esculpo versos mientras ella,

en el silencio de la alcoba,

pasa fría la noche.

A través del inmenso mar

 de nieblas alcanzan ojos

 tenues luces en ventanales.

Por el viento va,

lúgubre como el sueño gris,

la carroza de la desgracia.

¿Por qué no alcanzan

 éstas mis palabras sus oídos?

Tras árboles cantan pájaros de arroyuelos.

Entre ellos, un ave triste,

 vacía y sin arpa.

Sin querer,

imagino el inmenso cuerpo sobre el lecho;

 huérfano, anhelante y volcánico.

Ella piensa en olor a aurora y

 en gotas cristalinas deslizándose

 suave como algodón

por pétalos adormilados.

Más sé que ignora mi vigilancia

 sufriente, agonizante y

 desesperada cual barco sin destino.

En celo, mi alma puso cerco

 de fuego a sus paredes envidiables.

Soy centinela de altura

 con dardos y espada indomables.

Solo al aroma primaveral

 del jacinto permito tocar, con cauto disimulo,

 su mordiente anchura emblemática.