ricardocabrera

Los colores del miedo

 

 

He guardado mis miedos  en un frasco de alcaparras

están escondidos en el fondo de una vieja alacena.

Algunos  son tan antiguos, que ya los había olvidado,

la mayor parte de mi colección, los acumule siendo

un niño, entonces mis miedos se pintaban de azul,

del color de mi tristeza y de mis lágrimas.

 

Esta fue una buena época para guardar mis miedos,

cuando empezaban a escasear, mi papá me regalaba

alguno nuevo, él sabía cuál faltaba en mi colección.

Su voz tronante y su figura de hierro  casi llenaron

mi frasco, pero siempre quedaba espacio para otro.

 

Los miedos de mi niñez, han sido  los más fáciles

de gastar, por eso, aun cuando se fueron acumulando

por  un tiempo, el olvido hizo que dejara espacio

a los que fueron llegando después.

 

Cuando la mocedad llegó, los colores cambiaron,

en este período la variedad de colores era tan grande

que apretujados los unos con los otros parecían frutas

maduras, como en los frascos de almíbar de la abuela.

 

Los miedos a las noches oscuras se habían ido ya,

fueron reemplazados por otros de color naranja

llenos de celos ardientes, de cobardía que dejaba

escapar tus besos por no exigirlos y desconfianza

de pensar que no me amabas.

 

Los miedos grises por temor al fracaso, se hicieron

espacio y se asentaron cómodamente entre todos

los demás, estos han sido los más difíciles de sacar

de mi frasco, se han filtrado hasta el fondo, donde

no siempre los puedo alcanzar.

 

Entre todos, uno de color marrón se filtró,  se quedó  ahí,

al alcance de la mano, a la vista de mis ojos,

pero la falta de voluntad, por eso tiene un color tan poco

llamativo, tan mediocre y anodino, sin embargo  a veces

prevalece y se reafirma y se queda para hacernos

compañía durante toda nuestra vida.

 

He acumulado algunos de color rojo,  son quemantes,

ardientes de odio y de pasiones primitivas que se han

ido con el tiempo y ahora yacen dormidos, se han unido

para hacerle compañía a un par de miedos color púrpura,

que  tiranos en su momento,  hicieron mucho daño.

 

 

Se encuentran muy pocos de color verde, porque nunca

he sido proclive a la envidia, confieso si, con cierta pena

que hay amarillos  son miedos del desgano, del mal humor,

estos son los miedos más engañosos, y con ellos,

contaminamos todas las cosas bellas, los momentos felices,

los recuerdos radiantes, y solo nos queda el antídoto

de las sonrisas que guardamos en los bolsillos para poder

utilizarlas  como moneda de cambio en tiempos difíciles.

 

Hoy solo me queda el miedo negro de la muerte, pero

no de mi muerte temprana o tardía, me queda

el miedo terrible de dejar de verte, de que te marches

primero y yo me quede aquí, perdido, entre el color

de los miedos que se fueron acumulando, y que tengo

escondidos en el fondo de una vieja alacena.

 

Miedo de que no cumplas tu palabra y me ayudes

ha deshacerme de cada uno ellos, a perder el amor

que nos une, aguardar hasta que mi frasco  quede vacío,

como cuando estaba en el vientre de la mujer

que me esperaba, para regalarme sus besos y caricias

y llenar mi vida no miedos, sino de infinitas alegrías.