Ricardo Nanjari

La tierra del mañana

Su figura pequeña se instaló en una silla

y miró las ausencias del lugar,

se aferraba a rabias y dolores.

 

Usaba unos anteojos oscuros

para atenuar su intolerancia al universo,

permaneció inmóvil esperando nada.

 

Empezó a hablar lentamente:

- No tengo mucho que decir, dijo, sacándose los lentes.

- No sé muchas cosas, es verdad. No lloro no río.

 

Pronto develó que su padre lo maltrataba

que su madre no lo protegía, sus hermanos lo ignoraban

y vagaba haciendo cosas que no deseaba.

 

Los amigos se burlaban de él

en sus palabras faltaban letras en las letras silencios

vocales que lo llevaron a la duda y a la resignación.

 

Qué es lo que te gustaría ser en el futuro.

Con leve sonrisa, avanza y se endereza lentamente.

- Quiero ser DJ, responde con seguridad iluminada.

 

Se abren mil puertas y entra la gente

Se encienden cientos de luces multicolores

Se instala una multitud enfervorizada que escucha y salta.

 

¿Dónde estoy? Me pregunto

Estás sentado en la resignación,

parado en el resentimiento.

 

Salgo cada día a buscar un trabajo que no quiero,

encuentro a mi padre muerto que corre tras su propio sueño.

Lloro sobre la cama donde un día fui concebido.

 

¿Cómo te mueves al escenario del mañana?

Cambio mis creencias y devuelvo esperanzas perdidas.

Invento palabras, reemplazo vocales.

 

Ahora me subo al escenario, soy más alto y menos necio.

Me reconstruyo desde mis fortalezas.

Abrazo la multitud que me aclama y me respeta.

 

Me quedo adormecido, duermo y no sueño, he perdonado.

Suelto mi pasado, para que vuele con la música que estremece a los que han venido a verme.

Ya no me importan las promesas no cumplidas.