Samuel Santana

Tormento

Dios mío, la quiero y tú lo sabes.

Ya le di mis más delicadas palabras y

 mis más finos versos.

Le he llevado azahares, violetas,

nardos, amapolas y todas las flores del

jardín de mi madre.

 

Dios mío, la quiero y tú lo sabes.

Pregunté y me dijeron que solo deseaba un

caballito  de plata con alas  blancas.

Alegre remonté las olas y penetré  

el corazón de los mares.

A su puerta he llegado de lejos con trovadores,

Juglares y un arcón de

oro, piedras preciosas y diamantes.

 

Dios mío, la quiero y tú lo sabes.

Ten piedad de mi tormento y

préstame tu trueno, tu relámpago,

tu carroza de fuego y tu

sinfonía de arcángeles.

 

Dios mío, no me culpes por querer

tanto lo que tú con tanto esmero te

ha dignado en hacer tan bello.