ricardocabrera

RĂ©quiem por la dama del Tequila

 

Al amparo de tu décimo tequila

se revienta el silencio de la noche

con el dolor de tu voz que canta,

que se enreda en el corazón

de quienes te escuchan,

que lloran como tú, por el desamor,

la vida o simplemente porque les place

el sabor fuerte del tequila

que resbala alegre por la garganta.

 

Cobíjame con tu poncho llorona

del México de noche que se ha ido

Llorona que sabes de amores,

de corazones rotos y deseos prohibidos.

Llorona que arrastras los pies

por las calles adoquinadas,

iluminadas apenas  por los viejos faroles

donde ciegas, las polillas se estrellan

 

con tu guitarra al hombro,

tu cabello rebelde en vuelo

Las putas en las esquinas

te miran pasar Chavela

y tú las consumes

con el fuego de tus ojos negros.

 

 

Tu pasión se desborda en el carmesí

de la lana cruda que cubre tu cuerpo,

algo tienes dentro de ti Chavela,

que pierdes a quien te mira y atrapas

entre tus brazos y una copa de tequila.

 

Te muerdes los labios resecos Llorona,

por la ausencia de los besos perdidos,

por el exceso de desamor y de olvido,

y por la sal de tus lagrimas que mojan

las tristes canciones  de alguien

que se hace llamar José Alfredo.

 

Tu voz desolada y enérgica

y los caballos sin rienda que son tus ojos

atropellan la figura frágil de Frida

y junto a ella las noches se hacen eternas.

 

Con tu pasaporte  de la isla de Lesbos,

apretujado en tu blusa blanca de lino,

tu fiel compañero de las noches bohemias

que se iluminan con la luna de España.

 

Chamana de los sabios huicholes,

que curas las almas rotas con notas

de tu voz desolada y el espíritu verde del agave.

Con tanto dolor en tu voz,

las copas son medicina y tú las bebiste todas,

Una a una en cada cantina,

en cada rincón donde hubiera buen tequila.

 

Finalmente te has ido llorona,

vuelas hacia la libertad eterna

Tu vida de parranda,

de noches continúas ahogadas en tequila

Se terminan en domingo Chavela

y los martes seguirán siendo aburridos.

 

Tu cuerpo cansado y disminuido

regresa a la tierra que te dio cobijo

No importa si allende el mar

tus ojos vieron la luz primera,

porque los mexicanos nacemos

donde nos da nuestra rechingada gana.