A veces, en medio de la nada, cómo ya es costumbre,
te encuentro nadando entre mis pensamientos,
te veo saltar venturosa sobre los puentes
que malintencionados una vez construyeron los demonios
que hoy se deslíen ante tu encantadora mirada.
Jugueteas entre mis venas, dejando tras tu paso
rastros de las mieles que sólo tu cuerpo sabe emanar,
mientras recorres plácidamente cual peregrino
con destino, pero sin rumbo.
Me postro a la presencia de un ser
que no usó más que una mirada dulce
para domar a sus pies hasta la más ruda de mis quimeras
y transformar por fin a un espécimen de amargura y maldad,
en una pluma vehemente que flota en dirección
al refugio que ha encontrado entre tus grietas.