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Julian Emanuel Rodriguez

el vientre de la tierra se haya en su magma

 

los espejos volaron conicos y raudos

como una flecha

estrellada en axiomas

 

las ventiscas iluminaron el camino del valle

y los sueños migraron en tu vuelo

y tus alas recrudecieron el aleteo 

en el cielo de los juegos

de aquellos niños 

que miran a los ojos

las almas de quienes los contemplan

 

los ríos

enseñan

como los arlequines

que brillaron tu mirada

en esos soles de ultramar

 

los puentes

conectaron distancias

y sembraron caminos

que florecen en tulipanes

 

los huracanes corrieron

por el pantano

revoleando lodo sobre el anochecer

 

los volcanes poluleantes

eruptaron al despertar

y vomitaron desde sus adentros

las pasiones envueltas en la lava

para dar a luz

 

los vientos soplaron la noticia

a todo el mundo circundante

para avisar el dia del parto

en el que desde el vientre

en su nucleo magmanico

nacia al mundo exterior

aquel dios cultivado

desde sus adentros

 

el hijo de la tierra 

que llego erupcionando

aquello a lo cual vino a hacer emocionar

contorcionando y entumeciendo

las huellas del pasado hostil

 

el vino a salvarnos

llenando de luz divina

aquel insensibilizado mundo atroz

que ocultaba los soles de su vista

 

tan pronto como nacio

desenterró de los mares

aquellos soles perdidos

que estaban inundados 

en medio del oceano 

vagando en la nada azul

 

el hijo de la tierra

hizo brillar de magia

todo lo que veia

 

y cuando a su madre

embellecio

marcho a regar de luz y amor

todo el universo

que encontró

 

amante del amor

amado desde todos los soles

quiso volver al vientre de donde nacio

para descansar 

y volver a nacer

en la proxima erupcion

cuando ya todos necesiten

verlo jugar

como un niño

al que pronto volvera a ser

tras nacer

como el quiso,

de la misma madre

con el mismo calor

y el mismo dulzor.