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Raquel Lainez 1980

El pan de cada día

El grito del silencio
rompió la madrugada.

Las calles se llenaron
de rojo carmesí,
la luna fue su único testigo
mientras los búhos
miraban escépticos el cadáver.

¿Quién fue?
¡Pobrecito!
¿Y quién era?


El vacío de la noche
reclamaba lo sucedido.

A lo lejos,
el llanto de una madre
se desgarraba
entre el filo del frío;
de rodillas,
sostuvo su vientre
donde un día dio vida,
reclamando su fruto inerte.

Negra luz
Lobos de sombra
Cazadores de sangre

¿Dónde están?

El silencio entró con la penumbra
y los búhos no se volvieron asomarse jamás.