luisa leston celorio

¡ELLA!...

Siempre en silencio, con la mirada perdida o no tan perdida pues siempre se dirigía al mismo lado.

Al otro lado de la calle su criatura aprendía el oficio de mecánica y ella se sentía afligida.  Con ser muy digno oficio no era lo que ella había soñado para su querido hijo. Sólo precisaba que su marido quisiera esforzarse un poco más, o quizás mucho pues la sola idea de   pensar en la ausencia de su pequeño ya le hacía ponerse muy triste, pero no más que ver como por no molestarse en mejorar la crianza de sus hijas e hijo se perdían talentos y sobre todo la del su niño.

Ella siempre había soñado poder darle estudios y si fuese hacerle un buen doctor mejor que mejor. Él tenía una inteligencia superior a muchos otros niños, así se lo habían hecho saber los maestros que incluso le habían propuesto para aquella beca que por causa de su marido se había perdido para siempre. Muchas ocasiones perdidas para que sus sueños, el porvenir de su hijo fuese mucho mejor que la que el destino o la pasividad de su esposo estaba imponiendo a toda la familia y aun más, a su pequeño.

Su chiquillo no lo era tanto pues ya tenía catorce años, no eran buen estudiante, pero no por causa de su capacidad, sino por falta de sentirse apoyado e incluso no obligado a tener deberes. Bien claro se lo habían dicho los maestros: -Este niño necesita rectitud en su entorno, lo que mejor le vendría sería un internado donde le pongan disciplina. Está muy mimado y protegido, tiene que aprender a madurar.

Y era muy cierto,  y ella con gran dolor lo reconocía, estaba segura de que sufriría mucho con su ausencia, pero a la vez se sentiría muy dichosa al ver a su hijo aprovechar su talento y verlo hecho un hombre de bien.

Personas de bien no dejaría de serlo por ser un mecánico, pero se temía que ni a ser un buen profesional llegaría porque para eso se precisa algo que ella no le iba a poder dar. Tenía tan seguro que no le quedaba mucho tiempo de vida, además que el ejemplo de su padre no era el mejor para que aprendiese a luchar por mejorar su vida.

No era bueno aquel conformismo- inconformista de su marido que  criticaba a quienes luchaban por alcanzar mejor vida siempre dentro de la decencia y mucho trabajo. Pero su marido no, se definía como una persona que se conforma con lo que Dios le ha dado. ¿Y qué es lo que Dios nos ha dado? - se preguntaba ella-

Muchas lágrimas en el silencio de la noche. Muchos angustiosos silencios.  Mucho amor derrochado por una persona que había hecho de su familia la comodidad de su existencia, nada por el todo.

Cariño a raudales, respeto y  complacencia a cambio de nada. Nada de sacrificios por sus hijos, ni por su esposa que sabiendo que la humedad de aquella casa era la causante de su enfermedad, enfermedad que se hizo crónica, y pese a ello  no movió ni un dedo para hacer que su salud mejorase.  
Ni un sólo gesto por los demás, todo se movía en su entorno y su ego cada día crecía de manera exponencialmente negativa. Disculpas tras disculpas, mentira tras mentira para defender su  pasividad ante el bienestar de la familia, y así lo vendió al mundo, al resto de la familia, a las amistades.  ¡Pobre hombre, pobre hombre! Con esto se conformaba, la verdad sólo la sabía su esposa y alguien más. Si que alguien más estaba al tanto, pero nada podía hacer más que sufrir paliza tras paliza por tratar de defender a su madre. Mejor en este caso callar porque no solo no solucionaba los problemas, sino que la violencia se desataba y eso era más sufrimiento para su madre.

A la  enfermedad ya crónica se añadió otro mal sin retorno, así fue como  no tardo en irse la mujer de la mirada perdida, de los silencio angustiosos,  del corazón roto por ser prisionera de un amor engañoso, prisionera de una sociedad donde la mujer no cantaba ni para defender el bienestar de sus hijos, donde la ceguera de los familiares y amigos la dejaron sin salida ante una existencia llena de luchas y penalidades.

Hoy recuerdo una pequeña parte de la historia de una madre luchadora para hacer de sus hijos personas de bien, de una madre sufriente que nadie escuchaba, de una madre vilipendiada por sus esposo que no tuvo el menor pudor   en hacer creer a su hijo que su madre no le quería, que deseaba deshacerse de él ingresándolo en un colegio con la escusa de que hiciese unos estudios que sólo a ella le vendrían bien.

Hoy recuerdo a una madre que no tardaron un año después de su muerte en poner otra en su lugar. Otra mujer que se adueño hasta de su nombre ya que de inmediato le pasaron a  llamar mamá. Esa otra mujer que encontró todo hecho, que no supo lo que eran los desvelos, que lo único que hizo fue bien vivir a costa de lo que aquella mujer de la mirada perdida, de los silencio dolosos, de las luchas baldías por sus hijos dejó en su hogar.

Hoy recuerdo a esa madre que con un sueldo  crió a sus hijos sin que nada les faltase, con dignidad, con mucho amor. Esa madre pronto fue olvidada, cambiada por unas monedas, por palabras huecas que a la larga más mal que bien hizo a la familia. Esa familia unida pese a las penalidades, esa familia que siempre tenía las puertas abiertas a quienes llamaba en busca de apoyo y amor.

Hoy recuerdo a esa madre que fue traicionada mientras aquella mujer que ocupó su lugar vivió en la opulencia.  Esa mujer que no conoció necesidades porque sólo se encontró con un hijo ya criado, que aportaba un sueldo al hogar, esa mujer que vivió enjoyada, adorada porque supo imponer sus criterio y fue apoyada por un hombre que no supo ser padre ni buen esposo.

Hoy recuerdo a esa madre que como dice el dicho- LA PRIMERA ESCOBA, LA SEGUNDA SEÑORA- Así pareció ser,  escoba que se utiliza cuando se precisa y después se esconde tras la puerta.

ESA MUJER ES MI MADRE. DIGO ES PORQUE NUNCA HA DEJADO DE SERLO, PORQUE NUNCA HABLO DE ELLA EN PASADO, PORQUE SIEMPRE LA TENGO PRESENTE.

Hoy  recuerdo esta parte de su vida porque descubrí el porqué del desapego de su hijo hacia ELLA-como con desprecio  él dice-

(Él me ha dicho que ella nunca nos quiso, que se quiso librar de mí)

Dios  te perdones padre.  Cuando daño has hecho a tu propio hijo. Nada nuevo, así fuiste de egoísta, así viviste toda tu vida, instalado en la mentira, en el engaño.

HOY MADRE DOY ESTE GRITO PARA QUE QUIENES CAEN EN LA TENTACIÓN DE POR SU EGO DAÑAR A SUS HIJOS SEPAN EL MAL QUE LES PUEDEN HACER.