Erika Mendoza

Y ASÍ DEJÓ IR SU ALMA.

Pedazo a pedazo deambula el alma,

vuelta añicos rueda como basura que mueve el viento

mientras llora su mutilación en silencio, y segundo a segundo,

como la llama que porta el pistilo, se va consumiendo.

 

Poco a poco el ama muere en descontento,

los que antes la cuidaban, se han tornado contra ella,

lento, muy lento se agota y ya a nadie le importa.

 

Junto con el ocaso, el alma se dispuso a encontrar la noche,

sentada debajo de un árbol, ya en la dejadéz,

Lento, muy lento, comenzaron a caer las hojas

y así, lento, muy lento, el alma se fue durmiendo.