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benchy43

ME SIENTO CÓMODO ESCRIBIENDO (te).

 

Cero y un minuto.

La vida comienza otro día

aguijoneando ausencias

y remendando alegrías.

La luna que estaba ya no está

y al fondo se ven solamente bichitos

de luz verdes o naranjas

y también unos rojos.

La ciudad y sus calles,

la gente y sus gentes ya cerraron

los párpados.

No quiero levantarme de aquí hasta llegar

al final. Aunque esté cansado. 

Después de todo me siento cómodo

escribiendo. Escribiéndote.

Aunque tenga pocos argumentos,

justamente  porque la luna ya no está

y las estrellas brillan por su ausencia.

Por cierto, me vino a la memoria aquella noche

cuando a hurtadillas te robé la luna

que dormía en tu pupila

e  hice mías las estrellas de tu risa.

Nunca me arrepentí y ahora las tengo

en el fondo de un poema que habla de bosques,

de violines, de mares con frío,

de campiñas con sus cardos florecidos.

Los guardo en mi minúscula

comarca de los sueños

y a diario les abro una ventana

con cristal de primavera,

cuidando que no se escape

tu  aroma de jazmines.

Es tarde ya. (Siempre fue tarde, lo sé)

La noche va encerrando los silencios

en su negro estuche y yo voy a asomarme a la puerta

para sentir en el rostro

aquel viento del que tanto hemos hablado.

 

Cero y treinta. El  vecino sube atléticamente la escalera

y retumban sus pasos como un son de guerra.

No sé si me podré dormir.

Tal vez te escriba otro poema.

 

Derechos reservados por Ruben Maldonado. 

 

(Imagen de la web)