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kavanarudén

Humilde incienso

 

Sangre pura bendecida, de la boswellia obtenida.

El beso del sol y la caricia del viento te otorgan tu color amarillento.

No opones resistencia al fuego, adorado tormento que te consume lento.

Te difuminas en el ambiente, sin importarte que sea o no creyente.

Tu agradable aroma todo lo envuelve, las tensiones tú disuelves.

Nubecillas de humo frágiles se elevan, buscando siempre lo alto.

Noble y humilde misión, disiparte dejando tu fragancia sin ninguna objeción.

En otrora preciado tesoro de intercambio comercial.

Tus orígenes se pierden en el mítico Egipto, en los valles del grande Nilo.

En la mitología estás presente. La bella Leocótoe no pudo resistir a los encantos de Apolo. Cedió a placeres y amores prohibidos. Su padre, Órcamo, sintiéndose ofendido por lo sucedido, sometió a duro castigo a su hija amada, la cual viva fue enterrada. El dios Sol, apiadándose de ella, juzgó tal castigo muy intenso y la convirtió en un frondoso árbol de incienso.

No hace falta verte para sentir tu presencia. Dejas tu esencia en el silencio, en la quietud, invitando a la contemplación, al encuentro, a la meditación.

Humildad, entrega, donación. Algunos te utilizan por devoción, otros por pura pasión ya que avivas el amor intenso. ¡Loado seas bendito incienso!