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luis augusto basteri

Carta de duelo y hastío.

 

Pequeña mía, mi adorada,

Como pretendes aún que no te ame?

Si cuando mis pasos andan solos en el mundo,

Mas yo se que tus dulces pies también lo recorren,

Como pretendes?, si cuando mi pecho se agita

Es porque llega la lava pasional de tu nombre.

Y cuando respiro, siento, que en algún lado tu estás,

Respirando este mismo aire que me envenena día a día.

Yo he de amarte. He de amar tu corta estatura,

Tus senos tibios y ocultos como el alba en el horizonte,

Tu cuerpo que alguna vez fue mío,

Y en mis manos caía cual ramo frutal.

He de amar tus caderas,

Tus años aún más altos que los míos,

Y toda aquella esencia que te perfume los sueños.

Soy tu prisionero, oh amor, soy tu prisionero,

Aunque el duelo de este amor lo sufra yo.

Y dile a aquel que este contigo,

Que te cuide en mi nombre,

Que sienta como tus labios y tu pubis queman,

Al igual que cuando a mí me amabas.

Soy tu prisionero y más, aunque ya tengas, vida mía,

Otro sentir en tus venas,

Y corra por tu sangre otra sangre:

Amor tu sabes, al igual que yo,

Que aunque besemos otros labios,

Y dejemos la piel en otro cuerpo,

Aunque sea este un crudo amor y no vuelva;

Ambos somos concientes del amor que juntos

Escondiéndonos de todos, huyéndole a los seres, nos juramos,

Y te aseguro que no moriré sin concebirte en el cielo conmigo.