//www.poemas-del-alma.com/

Santiago Miranda

El observador omnipresente

En nuestra soledad notamos
Conocidos rituales diarios
Una vuelta y al otro lado
Escurren gestos y discursos declamados
Con el aire bailamos, valses fantasmáticos
Modelamos reflejados para una galería del pasado
Recitamos para un anfiteatro imaginario
Así vamos gastando lo cotidiano

 

Amamos
en una desolada región de un planeta desgarrado
Sabemos o no, esto. En alguien ya pensamos
Algo imaginamos sobre ese otro ser inabarcable y exigente
Nuestras mismas fantasías se cumplen en este espacio del presente
Por alguien nos vestimos como nos vestimos
Por alguien cincelamos nuestro cuerpo y vestido
¿Por nosotros mismos?

 

Siempre hay uno más dentro de uno
Siempre uno se oculta indetectable entre la masa
Que llevamos dentro de los huesos,  piel y pelos;
Historias amadas, por nosotros relatadas

 

Nos ingeniamos la mejor manera de mostrarnos
Es la mirada. La que a entrega amor o desconfianza
Es el oído lo que la acompaña, fiel súbdita no calla
La que puede maldecir y romper el alma
Para no volver a ser juntada excepto al amarla
La mirada va mas a allá de las palabras
Elemental, básica, primaria
Como el agua es llevada

 

Alguien nos mira en todo momento y en todo lugar
Ási lo ha dispuesto el más alto ministerio magistral
Pero el centinela ha trasmutado la figura del misterio
No es el mismo ser para todos sus hijuelos

 

¿Quién será mi mirador personal?
¿un francotirador, un conspirador? ¿un exterminador?
¿mi tan ansiado salvador?
No lo capta mi entendimiento
A quien pretendo impresionar en este momento


Padre tiempo, dime
¿Qué es lo que me falta por conseguir y que no tengo?
¿Acaso tanto lo necesito, que por ello me juego el pellejo?
¿Es aprobación, es cariño, o es incondicional deseo de dominar a otros seres vivos?