Enrique Durán

Ella

Una brisa tocando la piel

acariciándonos como si ella,

la tierra, nuestra madre

supiera de nosotros, nos sintiera

sus hijos, como árboles

 

Una corriente efímera, en el cuerpo

la percepción profunda de

un simple viento frío para ellos

cálido para algunos otros

para ella, su suave mano

 

Un soplo dentro, en el pecho

más aun, internamente bello

en el alma, sopla su aliento

como sugiriendo a un niño

que baile, brinque, sueñe

 

Un viento aquí y allá, silbando

al son de la vida entre aves y plazas

tardes y sonrisas, amores y nada

solo amores, afectos de una brisa

eso solo canta el viento

 

Una ráfaga moviendo pensamientos

agitándolos haciéndoles ver

esas tardes, esas aves fugaces

pensamientos que van cautelosos

volviendo perdurable lo precario

 

Una brisa efímera, llamándonos

a volver a atrás, donde éramos

ella y nosotros, un todo

en el tiempo sin amarguras

en el que una brisa no era

para nada efímera.