angelillo201

Omega, poema para huir de la vida.

Aquí

en mi suplica final

todo lo que me hace fuerte

me mata

 

Ved como si el alma se rompiera

y viniera con mi petición

 la muerte a recogerla.

Pero es la vida la que huye

no la muerte que la quiere.

Aquí

en el último lugar

cogido en el encierro

en el último peldaño.

Merezco

sombría esperanza de los huecos.

cuando se abran las puertas

veré las flores deshojadas

sobre su equinoccio

yo sin la cabeza

Allí  la luna  asomada

Y yo,

nosotros,

los suplicatorios

la señalábamos como nuestra

apoyados sobre  barandas rotas

con los perros bajo nuestros pies

saltando con los dientes.

Pobres, pobres de nosotros.

Aquí estamos

los que no nos atrevemos ser

 ni a reconocernos

bajo  mirada de los fuertes

No les juzguemos hermanos como malos

si nos chafan sus caballos.

Y los golpes

los golpes que nos dan

son como la grandeza de Dios

crepitando en  nuestros lomos.

 Nos hace tan grandes

que parece cosa de locos.

Pero es la vida

que abre sus puertas

como si fuera la muerte

en ese juego del sueño

de la fuerza y la delicadeza

que no quisiéramos soñar ni ver.

Aquí

¿ quién puede aguantar la vida sin suplicar?

Ni el fuerte puede hacerlo

 

 

 

 

cuando la puerta se abra

y salga la vida a pasear

llena de fuerza para mejorar.

Así le raza el mundo:

Bienaventurado aquel que pierde la vida luchando con la espada

Bienaventurado aquel que pierde la vida por no coger la espada

Bienaventurado aquel que tiene valor para matar a su hermano

Bienaventurado aquel que tiene el poder de castigar al que mata a su hermano.

Así terminara el mundo mejorado

Fuerte,  duro, perfecto, bien tallados todos los seres

cogidos en un gran explosión

como un diamante

bien tallados,  duros, brillantes

Tuyo es el final

Tuyo es el final

Tuyo es el final

Así morimos aquí

los que la fuerza les mata.

 

Angelillo de Uixó.