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Pablo Humberto

El Ășltimo roce.

Sigue siendo el silencio un buen sitio para recordar tu voz, tus carcajadas ingenuas.

Nuestras tardes de goce, nuestras noches de roce.

Tus senos tan frágiles cómo el pétalo de una rosa, tus glúteos tan derivados de una belleza pura y magnate.

Tus besos sinfín...

Todo esto se acabó en una noche.

La felonía de tus ojos, tu remota mirada, tus pasos alargados.

...Y nuestro último roce.