Mane Castro Videla

Sin restricciones

Duele mucho 

el hambre y la sed 

Duele la mentira

hasta romper en llanto 

y secarse en sangre. 

Desgarrada, 

sufre la tierra y la piel de barro

Tortura y nos mata 

desde la primera hasta 

la última palabra

en que el vivo dolor  

se aferró al engaño

del oscuro relato de la bestia

dado en democracia

imponiéndose con soberbia 

en el  nombre de las desigualdades,  

en lo llano del vaho de lo mediocre

sobre las dignidades, 

y sin la gracia de dios.

Duelen las manos 

que se armaron

en el fractal del tiempo 

en voces y las semillas

que ellos mismos 

han plantado

Doloroso dolor cala 

el hueso y la entraña 

del alma del ser noble, 

distinguido

 en la esclava noche 

entre el desierto y el alambrado


Duele sin lenguaje,

la enfermedad parasitaria 

en el fango y las tinieblas. 

Duele el cuerpo,
 

el ojo ciego del hueco,

y la palabra muda, sin corazón.

Duele, sin piedad, el mundo

cuando se es fiel, sin vergüenza
 

ni pecado en gotas de lucha

Duele y uno es, el dolor 

Y, soy al final del día:

La gota, sin poder dominar

Una gota rebelde de desobediencia 

donde la palabra gira y gira 

con toda su fuerza,

 en su propia luz; Desnuda

que anda por las calles; Sola y sin bandera

y por debajo de la lengua, Sin armas.
A resistir

A luchar

A protestar

A no temer jamás,

una palabra de censura

A, un nunca más

Aunque duela la razón

en el centro de la gravedad  

de la historia y los siglos
 

Una gota sin temor

y a resistir 
 

Sin limitaciones, 

con los ojos abiertos, rodando 

en clave de sol  al amor y la locura 

-expuesta a todo-

en el espacio entrelineado

de la compasión y la paz

A dar vuelta el relato 

A reivindicarse de pie

y no ser:  Ausencia.
 

A Ser 

en la honda y profunda libertad

la maravillosa metamorfosis

comprensible en el milagro

de la faz divina, sin restricciones  

 

Mané Castro Videla