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Juan Amezcua

CARTA A UNA ESTRELLA

Más allá de una petimetre impresa,
que entre sus clichés ruje lo leído,
aclaro, que esto fue algo sucedido
cual origen el confín de nebesa.

I

He escrito tanto la imaginación
entre sus más distorsionadas formas,
de rareza sin ímpetu de normas,
ha concebido voz a mi dicción.

pero mirando al cielo en ocasión,
donde brillan eternas tantas gemas,
vi una que brillaba como jamás
mi imaginación haría alusión.

parecía tan distante y hermosa
entre su tonalidad de azul lírico,
blanco invierno y escarlata de rosa.

busqué entonces el más celestial léxico,
y una vez escrita la carta en prosa,
se la mandé por correos de México.

II

Pasaron los días y las semanas,
el hemisferio se pintó de invierno,
hasta que la gelidez fue un infierno
que no mostraba respuesta a mis páginas.

quizá las distancias eran tiranas,
pues qué tan seguido lo sempiterno
es destino de hojas sin encuaderno,
que no conocen direcciones diáfanas.

Decidí esperar, pero ya en enero,
entre sus tardes largas y plomizas
la espera empezaba a perder esmero.

¡quizá solo sea que dramatizas!
dijo mi mente entre gesto de afuero,
por lo que no perdí las esperanzas.

III

Y al primer hálito de soplar diurno,
en un Febrero de precario ostente,
sonó Ludwig divino y estridente
y convirtió el fugaz aire en diuturno.

de pronto vi un sobre color eburno,
de esos que por su remitente advierte,
al menos en criterios al basarte
que fue escrito por un brillo nocturno.

con la gelidez del invierno ruso
era supremacía de lo escrito,
entre idioma cirílico y difuso.

y al abrirlo termina cualquier mito,
palabras que una devotchka allí puso,
carta cual celestialidad es hito.

IV

Señorita estrella que al brillo cierne
de mis ideales todo destino,
cómo evitar ser víctima al supino,
de no mirar lo que a su luz concierne.

y es que entre tan astrífero gobierne,
(de su cielo profundo y diamantino)
es para mortales un desatino
verla hasta que de noche el día torne.

y mientras entre modas respirantes
abundan cartas que no dejan huella,
más bien se pierden en vientos flagrantes.

puedo presumir la carta más bella,
no la enviada a universos distantes,
sino aquella que me escribió una estrella.

 

Fragmento de \"Bajo cián y carmín\"
Juan Amezcua