Adrian VeMo

Las mentiras de ella

 

“La Maddalena penitente” - Francesco Hayez

 

Ella tenía la buena costumbre de mentir

de mentir a menudo

         pero no de mentirse.

A veces inventaba historias

y ella misma no era capaz de creérselas

pero se las creía

para hacerles creer a los demás.

 

Todo aquel que dormía con ella 

pensaba 

ser el primero en compartir su mundo

                                               de cuatro muros.

 

Las noches en esa cama eran amarillas.

Cuando amanecía y sus amantes relámpagos se esfumaban con los humos

                                                                  del nuevo amanecer

su habitación olía a orgasmo fingido, a saliva salobre

y su imprudente soledad comenzaba asormarse.

 

Como siempre hay hombres vulgarmente desagradecidos

estos se encargaron de levantar la fantasmal estatua de la Magdalena,

                                                                           en su honor.

Otros divulgaban su nombre

y su nombre era un pétalo huraño en el vaivén de los cotilleos.

Los que nunca durmieron con ella

conspiraban con la lujuria,

porque no se conformaban con los pases libres que ofrece la imaginación,

por saber más de las mentiras de sus manos, de su boca... de ella.

 

Jamás pensó que su discreción fuese un Judas

                            y sus amantes, amigos de él.

 

Ella dejó la buena costumbre de mentir

para no creerse sus mentiras.

Ella está en la boca de todos

                   y en el corazón de nadie

 

...y sin embargo juega al amor

                            con un chiquillo

                   como chiquillos.