Mane Castro Videla

Amando

LLora. llora su muerte como áquel primer día
al sentir su expresión de zozobra en el dialogo
ante la tremenda realidad desnuda
La desidia y su propio sentimiento
de que las peores cosas ocurren
por la mecanicidad, el hábito y la hipocresía
Llora sin voz,  sin despedirse
con los ojos abiertos, destrozada
ante el hombre nuevo anestesiado, resentido,
abandonado a la domesticación,
a ese modo de vida tan pequeño, decadente,  mísero y ruin.
A ese amor... A ese amor incapaz de conciencia
Llora a mares al adiós de la sonrisa
al veneno agotador del encierro de las noches
al áspero decir de las mañanas
vistiendo de negro el rayo de sol en la pupila
¡¿Cómo no odiarlo?! ¿Cómo olvidarlo?
Sino hay olvido, si retorna
irrumpe con sus pasiones el alma
agobia, anuda el dolor en versos
reconociendo y comulgando
el intenso dolor conjugando el verbo amar
Legitimando una vez más,
la muerte y la resurrección
La alegría de estar triste
de ser la sombra de su sombra
la sombra de su amor
para que lo siga amando
a un solo latido de distancia
idealizando la locura
en la necesidad de hacerse fuerte, amando.

Mané Castro Videla