A. Martinez

Fatiga y Espera.



De día y noche tengo tu rostro entre mis manos,
como un retrato en el aire, como un  parque iluminado.
De día y noche, entre mis calladas manos, hablas,

con esa  voz que se refleja en el centro de tus ojos;
miro tu boca abrirse como el cielo, y un pájaro aprende a cantar;
miro tu cuerpo curado de flores, y sale el sol en medio de tu pelo,

a grandes pasos, subes desde la tierra, y me esperas amante a mitad del viento;

entonces mis labios corren a abrazarte, a rendirse sobre tu frente amada.

Acaricio tu silencio lleno de palabras, y tu mirada me invita a pasar;
nos desbordamos sigilosos  sobre el lomo del viento;
y el tiempo que pasa se detiene sobre nuestras espaldas;
los árboles nos saludan,  con sus manos  de fruta y sus cabellos verdes,
la luz, trémula,  pasa por sobre nuestros pechos,  como los pies de la luna sobre el mar;

nos quedamos hundidos en nosotros, hasta que la oscuridad se apoya sobre las casas,
y el todo el perfume de los claveles se revienta sobre nuestros vientres.

Sobre el océano blanco, cubierto de sudores nuevos,  nos quedamos flotando,
en la fatiga fresca, recién horneada;  en la neblina de las respiraciones;
caemos desde los abrazos como cae el viento en la ciudad.

Sobre las almas reverdecen, crecen nuevas hojas gota a gota,
se dibujan los tatuajes del milagro, y ondea la gloria, como la bandera en su castillo.

He ahí nuestras insignias,  que se acumulan hasta que el tiempo grita el adiós,

se muere el día, y en su deceso te arranca de mi cama;de nuevo queda tu figura presa dentro de mis bolsillos.

Y otra vez me rompo, como un cristal de hielo, como un copo de alma sobre el cielo;
caigo desde tus ojos, desde tu viento sobre la luz sin techo;
caigo como paloma sobre el nido revuelto, a esperar otro día por tu corazón entero.