Franz Talithier

Los náufragos no tienen quien les llore

Los náufragos no tienen quien les llore

 

 

Es la noche,

en su crepúsculo de

tinieblas

el barco sigue allí.

Obnubilados por

la desgracia todos padecen

un tacto entre arena y muslos fríos.

 

La gente no lo cree, si

desaparecerán los besos y

las risas apretadas, o los

minutos en gestos

de

una madre viuda.

Caen todos ellos, uno

muere y, otros como hienas

circulan soberbios e indomables.

 

Tomen su remo y

llévenlo lejos, el hambre mata por

nombre, por ceja, con una

boca seca entre dientes.

 

Está el cielo que parece guía y no,

llueve sobre mojado.

 

Crees que llorar es todo y no,

tus lágrimas son nada en el mar.

 

Las

hojas resecas de

palmeras advierten

el sexo dormido y un crepitar de ojos

extasiados, casi 

que llegan a abrigarse

pues

no hay manto de lana, solo

el olor que pudre y 

una estrella

si es que brilla.

 

No sabemos si es

que partirán

(todavía no lo

sabemos), si navegarán

albedríos recurrentes, o

bostezos imberbes, o

sollozos de un hermano

que se atraganta

con la pena ahogada, en

una isla

que nadie puede ver.

 

\'\'Quejumbrosa inquietud, dame algo

de beber, se

que la más puta no eres\'\'.

 

Y no lo sabe,

lo triste es eso.