Nataly Olarte

Esta tarde vi llover.

 

Hoy caminé por los lugares

que solíamos frecuentar,

aquellos donde mis penas se hacían alegrías

y mi corazón retozaba de gozo.

 

Bordé en mi mente la imagen

de tu delicada piel junto a la mía,

del viento rozando suavemente

tu cara angelical y el sol iluminando

tus bellos ojos de cristal.

 

Acaricié tu cabello,

tan sedoso como las rosas de primavera

y me refugié en el dulce soneto de tu voz.

 

Una chispa de agua cayó sobre mi regazo,

obligándome a despertar.

 

Observé entonces a mi alrededor

y sentí de nuevo esta horrible soledad.

 

Mientras la lluvia rodaba

solo pude evocar la fría belleza de tu cuerpo pálido

y la ternura de tu rostro,

que no pudo vencer ni siquiera la asfixiante muerte.

 

Llovió, amor mío,

llovió fuertemente,

y aquella lluvia sirvió

 

para ocultar mi amargo llanto.