Oscar Perez

Canción de los pasos que se encuentran

Canción de los pasos que se encuentran

 

Como todo es imbécil, la camisa,

la página del block, la teleserie,

como todo es azul, la democracia,

las ventas del mercado, las prisiones

de los que no volvieron, del que vuelve

sin recordar ya más que sus paredes grises

y un eco del dolor que los gorilas le infligieron,

como todo es procaz, la vida diaria

y su arduo asesinar los sueños de la plebe,

las alas del gorrión, la enredadera

que sube en el balcón de los amantes,

que arde en plena plaza del prejuicio

y que no volverá como no vuelven

esas viejas gastadas golondrinas

que los gatos acecharon y hoy no acechan,

como todo es vulgar, como tu beso

en mi bragueta, en mi piel, en tus olvidos

como el misil que derrumbó tantos aviones en la guerra,

tantos aviones en la paz y en plena tregua,

sin nadie que atrapara a los culpables,

sin nadie que culpara al asesino

que, tras de un escritorio, firma un cheque

y ordena, sin decirlo, que sigamos en la mierda,

como todo es feroz, hasta la gran caperucita

que del lobo aprendió lo que sucede si eres bueno,

si eres natural, si te desvías del camino,

y desde entonces va con un marido en cada dedo

o más bien con un anillo que los maridos le dejaron,

ajados de no ser más proveedores de la dama

y amantes de motel de una doncella de otro cuento,

como todo es falaz, la mermelada sin dulzura,

la muerte sin adiós, la vida sin sentido,

la fuerza de luchar para que olvides porque luchas

y el estigma de seguir cuando no hay puentes ni hay más calle

ni hay nada que buscar al otro lado de la acera,

o al final del arcoíris o al salir del laberinto.

como todo es banal, la circunstancia del presente,

la boca del lector, la oreja del que escribe,

la mano del censor, la gabardina de su amante

y toda la ciudad en que no caben más palomas,

ni deudos ni oropel con que cubrir nuestras desgracias,

ni formas de mirar de otra manera el horizonte,

como todo es veloz y ya te olvidas

de lo que puedes ser, de lo que has sido,

de lo que no serás si no levantas la mirada,

si no alzas la saliva y escupes al futuro,

le limpias el espejo, lo desechas y buscas

propio sol en que abrigarte en las mañanas,

en que resplandecer cuando sólo hay aquí asesinos

y nietos del dolor sin más camisa

que esta vejez del hombre, que este estiércol

en que nada olvidado queda en las esquinas

ni muerto en la viudez de la alegría y de la espera.

Como todo es así, insisto, ineluctable,

y cabe un pantalón para tus piernas,

un puño en cada voz, una trinchera

en que resucitar desde las muertes cotidianas

y verse agonizar, que es una forma de ser libres

en vez de suceder con los grilletes de la nada,

con el pasmo del ron en la garganta de los tiempos

y el olvido sin fin, cuando amaneces

en el suelo y orinado, ciego y solo,

como todo es ramal para que elijas,

ni terca voluntad ni espacio yerto,

decide y hazlo ya, bebe tu corto,

apaga tu cigarro, abre tu puerta

y quema las estatuas de tu olvido

y enciende las quimeras de tu pueblo,

hay tiempo o no lo hay, ya no me acuerdo,

como no tengo pie, no sé el espacio,

como no tengo voz, no sé del verbo,

pero hablo y hablo aquí, como en los todos

en que ya nada soy si tú no vienes y completas

tu propia libertad hecha de trozos de ti mismo

y de todo este lugar hecho de piezas de nosotros,

como todo es por amor, no tengas miedo,

que algo de amor nos une en las hendijas,

en la sangre que quedó pegada en esas alambradas,

en el semen que se pudre, en nuestros muertos juveniles

y en tanto que te odió de aquellos muertos que gobiernan,

así que dame más, déjame en paz por ir subiendo,

escapa junto a mí, o contra mí si soy tu lastre,

pero no busques más que aquí está todo y está escrito,

que aquí estás tú y no hay más fuerza

que la de toda tu verdad para quemar por fin las naves

y el cielo y este mar, esta mañana que pregunta

por toda la verdad que nos esquilman los que rigen

y los que ya jamás perdonarán que no te calles.

Escapa hasta el final y, en cada pliegue de tus horas,

desangra una canción para que sirva, cual migajas,

el día en que sin sol, sin soledad y sin permiso,

por fin todos de pie, nos permitamos el delirio

y la sola libertad de ser lo siempre y siempre amado

y que en nosotros va, como que todo, todo es nuestro

y es parte de la piel que aquí dejé como una pista

y es parte de la voz que aquí nos dejas

como voz del horizonte, nuestro, propio

y nunca más ya sin sentido.

 

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