Nostalgica

Sueño inalcanzable

 

 

Te veo. Te siento. Te escucho. Te admiro.

Percivo tu suave aroma.

Me pierdo. Sonrío. Me siento. Reflexiono.

La ilusión se termina.

Es ahí cuando recuerdo que eres solo un sueño.

Mi sueño.

Pero no puedo desistir. Me pierdo en tu dulce voz.

Lo siento. Lástima. Me duele. Sufro.

Y ahí noto que tus ojos me miran sin verme.

Es obvio. Tu mirada busca otras cosas.

Mi tortura.

Pues aún así no puedo dejar de pensarte.

Y lo entiendo.

Porque soy una pieza más de la superficie de tu mente.

Pero no de tu corazón.

Y me detengo. Pues algo me impide decírtelo.

Pena, quizá.

Una persona. Tres personas.

Veo gente caminar a tu lado. Nadie tiene sentido para mi.

Porque al mirar a alguien, no observo a nadie. Veo caras vacías.

Irónico.

Pues solo cuando veo tus ojos, veo los colores del mundo.

Me empuja. Me presiona. Me incita. Me levanta.

Este sentimiento que al guardar, prende fuego a mi alma.

Y en la desesperación. La frustración. La depresión. El olvido.

En ellos siento caer. No puedo salir.

Tan cerca que sonrío y me pierdo más en ti.

Tan lejos que duele y me hace querer tenerte más cerca.

Tu voz.

Melodía que me roba el aliento y la atención.

¿Qué hago?

¿Por qué te has robado mi mente y corazón?

Tómalos. Cuídalos. Consérvalos. Destrúyelos. Deséchalos.

Lo que les hagas depende solo de ti.

Mi reacción no tendría importancia.

Pues no busco una respuesta.

¿O si?

Me tienes. Me atrapas. Me encierras. Me cautivas.

Me enamoras.

Ahí un alto. Y un recuerdo.

Pues de nuevo salta a mi mente el hecho de que eres un sueño.

Mi sueño.

Mi sueño inalcanzable.

Me enamoras. Me asesinas.

Tu respuesta es una incógnita.

¿Algún día la conoceré?

No lo se.

Hasta entonces, muero por ti.