Lissi

Margules, el gato...

Margules, el gato

Cerca de la casa un gatito desnutrido

maullaba desesperado

¡cómo temblaba el pobrecito!

Me miró con tanta súplica que le permití entrar a casa,

el recuerdo del abuelo y sus gatos

hizo que en aquel frágil ser, yo me fijara.

Aunque con muchas pulgas encima

tenía un gesto tierno y enseguida acordamos adoptarlo.

¿Qué nombre le pondremos? –no será simplemente “gato”- mis hermanos decían,

le llamamos Margules, por aquellas ecuaciones químicas

que muchas veces nos hicieron difíciles los días.

El gato fue creciendo, un angora escondido en aquel pelaje gris,

era el guardián sin paga, atendía la puerta con su peculiar maullido

revisaba al visitante y más de algún zarpazo recibió si no era de entera confianza.

Margules, se apoderó de nuestro cariño, de mi cama y de mi rincón favorito.

Siempre bien acicalado se instalaba en medio de los pretendientes enamorados

para vigilar de cerca las actitudes de los muchachos inquietos.

Cuando alcanzó su madurez, solicitó el permiso correspondiente

y se perdía cada noche como buen conquistador,

por la madrugada regresaba con sigilo

sin importar que sus dueños pasaran en vilo esperando su ronroneo travieso.

En uno de sus tantos paseos bajo la luz de la luna,

ya no hubo regreso…

¿Dónde se habrá metido? ¿Qué le habrá sucedido?

Fueron las preguntas que quedaron sin respuesta,

ya no era el gatito mío,

¿formó familia gatuna…?

No quiero pensar que su vida la atrapó un enemigo

mientras yo dormía…

sin pena alguna.