Teodocio Potes

NO ME ACOSE SEÑOR TIEMPO

Esta bien que pases y sintamos tu presencia

acosando implacable a los segundos.

Que no te detengas es normal para tu esencia

de arisco y perfecto movimiento.

Que tengas que dejar tus huellas desastrosas

en todo cuanto tocas

con tu febril mano de seda corrosiva,

esta bien, te lo aceptamos.

Pero, por favor, señor tiempo,

tirano del devenir

de todo cuanto existe,

desacelera al menos tus pisadas

en estas épocas vitales de mi vida

cuando todo se acumula

pidiendo el espacio de un tiempito

para hacerse,

cuando los hijos nos acosan mendigando

minutos para sus juegos,

cuando el trabajo nos exige

plena disposición

centrada en sus quehaceres,

cuando el amor y el placer del sexo

que pronto estará en declive

nos solicita mendicantes

el rato para un beso, unos mimos,

una caricia o un polvito,

cuando el músculo nos invita

a un merecido descanso,

cuando nuestra cabeza atafagada

pide el respiro del minuto

para pensar en nada.

Mejor dicho, señor tiempo,

no te detengas,

pero al menos no te preocupes en llegar a ningún lado

en tu feroz marcha apresurada.