Al Duborg

Ramón Antonio

RAMÓN ANTONIO

 

Nací un 31 de agosto de 1940, mi niñez algo gris por ser un sobreviviente de la fiebre del tifus que el momento surgía mataba a todo el que conseguía, usaba alpargatas y hasta descalzo andaba, dormía en chinchorro prestado y con muchos huecos de ñapa.

Llegó la adolescencia, y de verdad lo era, adolecíamos de todo menos de ese cariño materno fiel y divino en su esencia, tuve como aliado a el tiempo para la prueba del día, mi juventud precoz permitía cualquier trabajo o faena, buscaba agua en tinas con singular simpatía, al llegar a casa raudamente vestía  y al liceo salía.

La monotonía de una humilde familia, pero amorosa, me apoyaban en los estudios con lo poco que había, luego de retorno a casa me disponía a vender empanadas y lustrar zapatos para ayudar en mi lar la economía y orgullosamente la orden de mi mamá cumplía.

Me hice hombre y a la capital me iría a estudiar una carrera que en mi provincia no existía, con el corazón en pedazos dejaba mamá, hermanas y la novia que tenía, pero era necesario pues ellos entendían que pronto estaría de vuelta graduado en Pedagogía.

Así mismo fue, regresé lleno de alegría, me recibió mi familia, amigos y la novia mía, que al cabo de un año de esposa me la ponía. De allí salieron tres hijos, para mayor alegría, le fui agarrando el gusto a la dolce vita con un sueldazo y un carrote que lucía, tuve dos hijos más pero en otra compañía, en nueve años después nuevas nupcias contraía, y sin esperar más ni menos publicaría, la existencia de otra hija para sumar nueve el número de las crías, pero es que en cuestiones de amores, discúlpenme la porfía.

Trabajé como docente en el liceo del barrio que tanto quería, dediqué 28 años de alquimia y de biología, hasta jubilarme un día, saludado por ex alumnos, alumnos, profesores,  personal obrero y secretaría, y todo el mundo decía, se va el profesor alegre y nos deja sus conocimientos, chistes con que siempre nos jodía.

Tomé la decisión de trotar y de forma religiosa diariamente lo hacía, sin importar que del corazón sufría, del cual me salvé después de una cirugía, hasta una tarde de un viernes del 10 de febrero sería, que de forma inesperada me iría, un infarto al miocardio me sorprendía.

Disculpen los que me lean si a cliché les parece esta sintonía, allí les dejo a Leonardo a quien inspiro y de quien sigo siendo el guía, para escribir estas líneas en forma de poesía, LA VIDA ES PARA VIVIRLA Y NO PARA ENTENDERLA, lo dije horas antes mientras de este mundo me despedía. Que la providencia les de salud cada día, y nunca olvidaré como a cada uno de mis hijos, PIN DUNO  consentía.