DiegoAlonso

Condenado a sentir y a sentirte

 En mis cuerpos

celestes, que no son celestes,

sino pardos, casi cafés, alineados

en el cosmos infinito de

  una voluntad extranjera, 

cabalgan a destiempo

 de un galope tutelar

mis ilusiones.

 

Como

aferrándose al sentir

que desespera por mi

pecho que añora esperanzado

 el encuentro con el tuyo,

 por mi efebo vientre

 al que agitas con entrañable desvarío,

por mi voz callada de

 horizonte,

que no grita y siempre en vano

aguarda

al eco de tu canto que se

  esconde.

 

 Y las horas

como soga, tiran de mi cuello

que no ofrece resistencia,

¿Será el sol, atardecer y la luna mi

caída?

 

¡Ya lo sé!

 

Es el ver y es el oler.

Es la condena de un corazón 

destinado a latir,

de un alma que padece y resiente

de un vaivén;

ir y volver de tu querer reminiscente

que en un sinfín de sensaciones

me recuerda en los aromas

de un llover amargo

que la vida sin ti ha de seguir

y así el morir se entera de mi adiós,

pues ya no sigo, yo me largo.

 

Resumiendo,

hoy te vas,

 cielo mío, arrancándome el aire

y

dejándome un mar sin color ni reflejo,

mas no aflijas si ves que el plañir aún

se aloja en mis ojos;

es mi sentir y memoria en que habitas

mi conforme festejo.

 

Ahora sé que el amor es eterno, 

vive siempre en quien nunca lo olvida

y yo, amor mío, aún te recuerdo.