Mirinda

LA POETA...

 

Sucedió una noche, por casualidad, destino o accidente.
Sentí una nostalgia que me recorría, me tomaba, se apoderaba, como queriendo apartarme del mundo.
Las manecillas del reloj se movían con un rugir constante como anunciando algo…
Se apagó la luz de la araña del comedor y todo quedo en penumbras, un aroma a rosas impregnaba el ambiente.
El silencio y un intenso frió se apoderaron de la habitación.
Me invadió la congoja más profunda que jamás haya sentido.
De pronto; Ahí estaba, con la mirada fija puesta en mí.
Una mujer sentada en la silla de mi escritorio, era igual a mí, pero estaba vestida con ropa antigua, su mirada desbordaba melancolía, parecía querer hablarme pero no pronunciaba palabra…
Intenté huir, pero rápidamente me sentí atraída por una gran fuerza.
Cerré y abrí los ojos como queriendo despertar de un mal sueño,
ella seguía sentada en mi escritorio con su mirada envolvente.
Mi cuaderno y mi lapicera parecían invitarla a llenar el papel en blanco, ella me miro, como pidiendo permiso… yo confundida asentí con la mirada.
Un fugaz cosquilleo me recorrió, como encendiéndome por dentro… de repente ya no sentía miedo, solo una placentera paz.
Me acerqué a ella que como iluminada escribía…
yo me sentía como viajando al pasado, pero no era yo, no…
pero se me parecía tanto.
Ella parecía apurarse, como si el tiempo se le agotara.
escribía versos apasionadamente, desesperadamente.
los versos se espaciaron, dejo la lapicera y me miro, sus labios esbozan una sonrisa agradecida y se esfumo, de la misma forma en que había aparecido.
Me acerqué al escritorio tome el cuaderno y leí…
¨Las historias nacen únicamente en la tierra, gracias por permitirme por una noche ocupar tu lugar, desde aquí la tinta se evaporara y se condensara en una nube acompañándome al infinito¨
Seguido a estas palabras había un ramillete de poesías.
Lei el cuaderno una y otra vez, maravillada, no podía creer semejante poeta.
Las lágrimas corrían por mis mejillas, mi imaginación fluía,
como si un ejército de musas se instalaron en mi casa para inspirarme.
Todos me elogian y felicitan por mis letras, solo en pocas ocasiones conté lo que me sucedió esa mágica noche…
Nadie me cree, aunque lo juro y perjuro, me creen loca.
Ya no lo cuento…solo disfruto de esta dulce insanía.
mientras mis labios esbozan una sonrisa

Miriadas