Julio Cortazar

Te dejo mi libertad.

                                           A María Guadalupe Enriquez Dávila.

   No es la sal que cosquillea en mis pies.

No son las ataduras de fuego que me detienen

azotando en mis muñecas cicatrices.

Heridas fatales que mis sueños sostienen.

 

   Te dejo mi libertad a cambio de estas palabras.

Dejame el caminar supuestamente indiscreto.

Regalame tus ojos para hacer de las estrellas un concierto

con luces hermosas que chocan, mi amada guerrillera.

 

   Guerrillera al desvestirte por ser el centro de mis ansias.

Que nuestras ganas  por un minuto se vuelvan hipócritas

desapareciendo la edad del tiempo en la realidad

millonaria de sentidos ideológicos y artísticos.

 

   Te dejo mi libertad, la que arrebatas

con todas tus uñas.

Muévete drástica  a la brújula sin dirección

de los cuerpos que dejan las olas en la orilla.