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Alek Hine

CUANDO TENEMOS AL LADO MUJER

 

Cuando tenemos al lado mujer:  

 

nota de lira rompiendo el silencio,

música sacra invadiendo el oído;  

 

ojos sensuales que al ver en penumbras,

brillan con chispas de pura libídine;  

 

émula boca con forma de vulva

húmeda y roja, que besa y succiona;  

 

curva nalgar adosada a los testes,

nido que abriga el ensueño del ave,

plácido cielo en el vuelo del pájaro;  

 

mano pequeña que juega en el falo,

lúdico toque que pliega el prepucio

para dejar la bellota al desnudo

—glande que mira con ojo de cíclope

listo a explorar la pared de la cueva,

bálano presto a expeler su saliva

blanca y espesa, nutrida y caliente,

savia de macho, semilla en el surco,

lluvia de semen en tierra femínea—;  

 

pechos redondos que ofrecen su leche

lúbrica al niño viril, encendido,  

cuya lactancia acrecienta el pezón,

centro de flor con su erecto pistilo;  

 

monte de venus, selvático delta,

cuerdas vibrátiles, hebes eléctricas,

pubis que aprecia la suave palmada

sobre los labios pequeños y grandes

—pétalos finos de vivos colores

donde el insecto volita y se posa—,

¡túmido clítoris, muestra de alarde!;  

 

crica mojada que invita a la cópula,

grieta que chupa y que muerde también,

porque en el símil es ávida boca;  

 

fuego estival en la cama, de noche;

agua de oasis que aplaca la sed...  

 

Cuando tenemos al lado la hembra,

¿quién evadir lo hedonístico puede!

Cuando una fémina duerme con uno...,

¡clímax total, inminente y certero!