Alexander Vortice

FÚMAME (II)

La absenta mitigó el golpe

y la verdad se hizo tan pesada

como un gato de esmalte.

 

Fúmame a intervalos de inconsciencia;

deseando que el planeta sea una antorcha

de ruinas impronunciables por el dolor,

fúmame como lo hizo la cera latente

que se derrochó en contracciones vagas.

 

Sucede que el argumento más noble

es inútil ante la piedra que ruge lentitud…

 

Mientras tanto, en occidente nos fumamos

la apetencia de un suicidio ilustre.