Nataly Olarte

Ella.

Me quedé mirando su dormido ser
casi sin entender por qué razón
me producía tanto amor.
Era una mujer normal,
no tenía nada diferente a las demás,
Sus ojos no eran azules cómo el mar,
ni su rostro tan dulce cómo el cielo,
pero ella misma transmitía paz,
me inspiraba libertad.
Sus cabellos no eran nada especial,
pero me envolvían con tal fuerza,
que me era imposible regresar al mundo real.
Su boca no era de un sexy color rojo,
pero sus besos le daban a mi vivir una sensación
jamás experimentada.
No, no tenía cuerpo de diosa,
pero disfrutaba explorar con mis labios
cada centímetro de su piel humedecida por el sudor,
me deleitaba ver cómo la mezcla
de sus fluidos y los míos
provocaban una explosión de miradas,
caricias, sentimientos y un no sé qué,
que no me permitía escapar del
hermoso embrujo de sus brazos
que me invitaban a volar.