Melitos Guzmán

ME PREGUNTARON

Me preguntaron si conocía a la muerte

y con gran seguridad conteste que sí,

la conozco tan bien que podría decir 

que yo soy ella.

La muerte no solo es cerrar los ojos,

dormir y desaparecer,

la muerte es estar viva, alejada de las alegrías,

de los sueños y las esperanzas.

La muerte es lo que él dejó cuando se fue.

Morí quedándome de pie,

extañándolo cada día un poco más,

morí lento y despacio cada segundo que 

mi corazón latía y que yo respiraba,

morí, mirando y sabiendo que me olvidaba

y, que con el día a día dejaba de amarme.

Morí anhelando su regreso e inventando

historias en mis cuadernos.

La muerte aunque sea complicado de explicármelo 

ella, ella se adueñó de mí,

así de repènte, así de la nada durante un largo de tiempo.

Ella, la muerte, fue dueña de mis pensamientos,

mis palabras, mis ideas y mis sueños,

la muerte por momentos

se reía de mi tristeza y,

apoderándose de mi dolor y de mis penas,

hacía que cada noche llorara por él,

que en las mañanas no lograra ver el sol,

que la luna y las estrellas fueran 

la inspiración de vagabundos versos.

La muerte también me presentó a la soledad,

que parecía estar sujeta a mi mano e iba a mi lado,

la soledad la que aconsejaba a mi alma y razón

que lo olvidara, que lo dejara de amar,

y yo, con gran duda le preguntaba

mil y tantas cosas de las que esperaba respuestas,

quería saber los por qué. los cómo y los dónde,

pero de respuesta solo había silencio,

la soledad no sabia nada,

no sabía como hacer para arrancarlo del pecho

ni cómo hacer para dejar de amarlo

aunque ella torpemente pasaba insistiendo.

Me preguntaron si conocía a la muerte

y, conteste que sí,

con ella fui a todos lados por varios meses,

caminando vagamente por la ciudad,

recordando lugares que en el pasado 

alegraban mi vida,

a cada cuadra, a cada esquina que llegaba lo veía,

parecía que estuviera esperándome,

el viento traía con la brisa su perfume

y en algunas ocasiones hasta su voz.

La muerte y la soledad hicieron que

lo extrañara y que a veces hasta lo odiara.

La muerte hizo que aprendiera a esconder 

el dolor, el llanto, la rabia tras una risa falsa

y, la soledad ha hecho que mi corazón tenga miedo,

miedo a darlo todo y quedarse sin nada otra vez.

La muerte esa que conocí sin darme cuenta,

la que llegó tan repentinamente 

logró que me rindiera una y mil veces,

pero ahora, la muerte, la soledad y yo

hicimos un trato o tal vez sea una promesa

que viva o muerte,

que con él o sin él

y que amándolo como lo hago

debo seguir soñando.