anbel

Sin mirar atrás

Con cara impasible iba poco a poco guardando la ropa en las maletas, la doblaba meticulosamente y de manera ordenada para que no se arrugara; también metió alguno, poca cosa, de sus objetos más queridos, aquellos que le traían buenos recuerdos. Cerró la maleta, y cogió una un poco más pequeña donde guardó su calzado más cómodo e informal. Para qué tanta cosa, pensó…, se llevaría lo necesario y punto. Con las dos maletas recorrió todo el pasillo y las depositó a la entrada del piso. Cuando iba a abrir la puerta algo la detuvo, así que las volvió a dejar en el suelo y desanduvo lo andado. Mientras lo hacía, sin prisas, fue rozando suavemente con sus dedos, las paredes de su querido pasillo, de su querido piso…para ella tenía vida. Esas cuatro paredes tenían historia, vivencias, habían sido testigo de sus experiencias, buenas y malas. En ellas se había refugiado, tranquilizado, y recordaba con cariño el disfrute de la soledad, añorada, en él. Entró en su habitación, y la recorrió con la mirada. Decorada a su gusto, había sido testigo de noches dignas de recordar, de cariños, de mimos, de amor. También de malos y buenos sueños. Muy despacito salió de ella y se dirigió a la habitación azul, con sus dos camitas, la que ella decía de los niños, aunque no los había y que realmente era la de los invitados. Los edredones azules, combinado con blanco, y los vistosos y funcionales muebles también en azul y blanco, sin que resultara pesado el toque de color. Le gustaban los colores y que en cada habitación éstos fueran distintos. Luego se dirigió a su estudio , donde le encantaba estar, y en las que había pasado tantas horas de lectura y trabajo. Sus ojos se detuvieron en cada uno de sus queridos libros hasta que se fijaron  en las pocas fotos que tenía. Realmente pocas, pues nunca le gustaron demasiado, pero allí estaban los que ella más quería,  se giró y al salir acarició el marco de la puerta y acto seguido sus pasos o quizás su corazón, la llevaron al comedor, donde recordó aquel primer beso mientras veían una película, sus cabezas inclinadas la una sobre la otra, y sus manos entrelazadas, mientras una lagrima recorría la mejilla de él…emocionada salió de la acogedora habitación…echó un último vistazo al pasillo y se despidió de los cuadros que en él había, pintados con tanto amor. Su mirada se posó en las maletas, que pacientemente la esperaban, así que las cogió abrió la puerta y salió sin mirar atrás. Tomó todo el aire que pudo en sus pulmones, lo exhaló lentamente, se enderezó y con la barbilla elevada comenzó a caminar. En su boca se dibujaba una tenue sonrisa difícil de descifrar, bien pudiera ser de alegría, tristeza o quizá nostalgia. Un paso tras otro, se dijo….y siguió caminando.