Murialdo Chicaiza

RECUENTO

Siempre tuve recuerdos

y quien no los ha tenido

aquellos que te laceraron el alma

los que destruyeron tu interior

los que te llenaron de lágrimas

los neutrales, los enigmáticos

como aquel árbol de capulí

que creció en aquella casa del sur

que se ahora ya no existe

y que nunca más podré visitarla

era la casa de algún amigo de infancia

cuyo nombre e imagen se borró

para siempre o para nunca

la fatalidad de haber sido niño

en un país de apátridas y letargos

de haber ido a la escuela que te castra

la inconciencia de ir aprendiendo

lo que nunca hubieras querido conocer

la tristeza de la graduación

que quedó grabada para nunca

en una foto enmarcada en oro

que ahora cuelga y se llena de polvo

y apenas he llegado salvo y sano

como para medir la decrepitud

de saberme irremediablemente  yo mismo

sin escapatoria posible

yo mismo y mis memorias

esa dimensión de la decadencia

esa tristeza que quiere ser alegría

pero debo convencerme

que pudo haber sido peor:

pude no haber tenido una mano de mujer

o haber sido borrado en un inesperado

evento de ligera muerte

de irremediable y aberrada muerte

y estoy aquí como para contarlo

con esta voz apenas insignificante

este grito sordo que nadie escucha