Raúl Daniel

LA CARRETA (de mi libro “Apocalíptico”)

 

(Parte I: El Principio del viaje)

 

En una carreta de madera nueva suben una niña,

en una carreta de madera nueva que estaba vacía;

los bueyes arrancan... caminan

un camino llano, mientras al naciente

los rayos de Febo, iluminan;

es la aurora blanca que cíclicamente,

en ritual sagrado, otra vez, se inicia.

 

La niña no entiende que se va de viaje,

pero la entretiene, jugando, su madre;

el viaje es muy largo, y el ritmo enervante

(el andar de los tiros) natural se hace.

 

La noche y el día, el calor y el frío,

los pueblos que pasan,

el siempre cambiante paisaje,

todo la entretiene, y disfruta tanto

que no se da cuenta que es tan largo el viaje.

 

(Parte II: Un poco después)

 

Ahora sus pechos se crecen... y le hacen vestidos

de sedas y encajes...

la niña se mira al espejo del río

y ve que no es niña, ¡cuánto que ha crecido!,

entonces se pone a cantar y unos lirios

que la ven pasar... envidian su brillo,

¡es que está tan bella la ahora doncella!

 

Casi como locas, salen de su boca

estrofas que riman y su risa explota

y alegre rebota colina en colina.

 

Y está enamorada... del río, las plantas,

del sol y la luna, las nubes que pasan,

aún de la carreta (que todavía nueva) siempre la traslada;

y escribe poesías, papeles que vuelan

por más que los guarda...

 

Ahora la joven está pensativa,

consulta unos libros, estudia, investiga...

le inquietan las cosas que ve en el camino,

y más una cosa, una cosa rara que cruzó una esquina:

 

En otra carreta, sucia, desprolija,

que unos bueyes flacos apenas estiran

(ella aún más flaca) viajaba otra niña.

Su mirada triste... perdida,

un rictus amargo en vez de una risa,

sus cabellos chuzos, sus ropas raídas,

mostrando en sus ojos el hambre y el frío...

 

Pero le sale a su encuentro un corro de bufones

y pasan aviones tirando panfletos,

la joven recoge lo que son boletos

para las funciones y fácilmente olvida

sus preocupaciones...

 

El teatro está lleno, la obra comienza,

al principio es broma, todos ríen contentos.

 

La joven no toma medida del tiempo,

y, aquel escenario con telones de oro,

imperceptiblemente, va cambiando forma;

el amplio tablado, las luces, el foro,

todo cupo dentro de una caja negra

que lleva consigo sobre la carreta.

 

Ahora a la joven la entretiene el teatro

que viaja con ella, aunque de vez en cuando

levanta la vista para ver estrellas

(muy de vez en cuando...)

 

Al cruzar un pueblo la invita un poeta,

¡ahora recuerda que escribía versos!...

y un poco extrañada a sí se pregunta,

cuándo y por qué dejó de hacer eso.

 

Acepta al poeta y van de la mano,

caminan un rato, corretean, juegan,

pero al pobre hombre le faltan las fuerzas

y al final la deja...

 

(Parte III: Promediando el viaje)

 

En uno de los tantos puentes por donde se cruzan los ríos,

le viene a su mente un pensamiento sombrío,

una duda de repente, como si ya hubiera vivido

lo que ¡vive nuevamente!... o que ella misma

fuera el sueño de alguien que se ha dormido...

 

La carreta se detiene en un cruce de caminos,

es que otra carreta llega, rumbo hacia el mismo destino,

sobre ella otra mujer viniendo desde otro sitio.

 

Otras almas peregrinas (de entristecidos poetas)

por el aire van viajando, siguiendo las mismas sendas;

y las mujeres ni cuenta se dan de estas cosas y hablan

una a la otra, contentas por la nueva compañía,

cada cual en su carreta...

 

En una infeliz maniobra se accidenta la primera,

su nueva amiga le dice que está apurada y no espera,

la mujer se pone triste y sola otra vez se queda.

 

(Parte IV: El final del viaje)

 

En una ladera agreste, unas piedras de colores

que mucho brillan, la inquietan...

entonces se acerca, las mira (y también desea),

y lucha por ellas...

consigue unas cuantas y las guarda

en un cofre que, con llave, lleva a viajar con ella

en la ya muy cargada carreta.

 

Ahora van crujiendo algunas maderas,

también el eje se queja, que va chillando

gastado por el giro de las ruedas...

 

Un cristal de roca, lo bastante grande, le sirve de espejo

¡la mujer se asusta... ¿de dónde han venido las canas

y de dónde las arrugas?!

 

Y, entonces pregunta, pero las respuestas ¡son tantas

y nadie opina lo mismo!

El largo camino que le parecía

que era infinito, ahora, no lejos, veía

que se sumergía en hondo abismo.

 

Y va cuesta abajo la carreta vieja,

los bueyes, cansados, aceptan la cuesta;

la carreta cruje, gime, tambalea,

la mujer se aferra a las cosas que lleva,

pero muchas caen... y en las huellas quedan.

 

Ahora comprende que termina el viaje...

¡fue tan corto el viaje!... ¿para qué se hace?

pregunta... (pregunta que nadie contesta).

 

De pronto un silencio total la sorprende,

y se apercibe de cuánto era el ruido que hacía la carreta,

pero ya no está... y comprende

que el viaje culmina... y que ella está muerta.

 

(Parte V: Después del viaje)

 

Un nuevo paisaje se pone a mirar,

quiere preguntar algo que no entiende:

¿Por qué está consciente...? Pero a nadie encuentra,

entonces se sienta y hace lo que puede:

Esperar...