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Ludvaldo

SONETO A AMOR Y A LA AMADA

Vosotros de consuno habéis prendido 

con saña crudelísima este fuego

que el seso me ha quitado y el sosiego

y habráme en poco tiempo consumido,  

 

pues pronto podréis verme reducido

a exánimes cenizas, niño ciego

y arpía despiadada, pese al riego

de lágrimas copiosas que he vertido.  

 

Nerones que ante mí tañéis la lira,

no hay modo de apagar mi interna pira

-ardiente como el sol de julio en Nubia-  

 

excepto si, aplacada vuestra ira,

me cae de vuestro indulto al fin la lluvia,

odioso numen y asesina rubia.  

 

Osvaldo de Luis